jueves, 5 de enero de 2012

Y SI...


¿y si ululara el viento 
y soplara por los confines de los mundos 
y sobre el alma de los montes?

zumbidos abisales llegarían del Valle 
como lamentos de seres errabundos
ayer 
vestales blancas desde el cuello hasta el talle
infiernos bestiales dese talle hasta noche
las esperas estarían ansiosas 
entreabiertas 
sonrientes
en capullo
suplicarían silencios
allí donde la ofrenda asaltaría el broche 
y la presa de agua furibunda
correría en cascada 
desinhibida por campos de placer 
magia y derroche

mujer/pebetero 
hembra/marmita 
desfallecería triste en el mural del desconsuelo
traduciría a frío o fuego los arrullos  
y desanudaría besos muertos en el ceño
y en ese templo
donde antes olía a baile y canto
de alegría desmedida exhibiría las magnolias

¿bien, y sí reiniciamos juntos estos versos?

©  ana lucía montoya rendón

ASOMA LÁNGUIDO


El poema que asoma como figura lánguida
por la puerta trasera del hospital dormido
es éste que tengo haciéndome cosquillas
en el dolor más hondo y en el miedo más clásico.

Pero, a pesar de todo, no esconderé mis huesos
ni lavaré mi ropa para ocultar la sangre.
Que mi crimen se sepa y se sepa mi angustia 
y que por ser humano soy también inhumano.

No voy a deshojarme como una margarita 
ni a pedir que me saquen del agua en que me ahogo,
Sólo diré los versos que no puedo callarme
aunque vengan difusos, lánguidos, caóticos.

A veces las palabras son cuchillos feroces,
otras veces son alas de aves extraviadas
y algunas veces llegan surfeándole a las olas
de un mar de sentimientos que están enloquecidos.

El poema agoniza ahora entre mis manos
aunándose al silencio del hospital dormido
mientras sigo sirviéndome una copa de nada
para brindar por todo lo que acabo olvidando.

© Jorge Luis Estrella