viernes, 18 de noviembre de 2011

NOVIEMBRE IV


Noviembre no es llamarme y que te atienda sin excusas; y es que fueron
puñales esos requiebros tuyos, fueron remos quebrados los que a mi te
acercaron.
Noviembre era el esencia de una muchacha antigua con trenzas y
prendidos que acaricio tus manos y las guardo en entre lunas, como en
un relicario.
Noviembre era la luz exangüe, el ejemplo agrietado, la escarcha
extraña, la arista en la piel, tristura de la memoria.
Noviembre pudo ser de otra manera: resistieron los pájaros el
destierro y derrochamos piedad y misticismo, contrafuerte del día que
detuvo la agónica lentitud del ritmo de las horas, y te odié.
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©MAR

NOVIEMBRE III


N oviembre engañador y transitorio que
o cupas el penúltimo lugar del almanaque y nos traes
v entoleras con las hojas debidas a la tierra.
i njusto repartidor de sol y temporales que ahora
e migras con las torcaces a otro hemisferio y traerás
m estizaje en primavera, y las alondras venidas a
b andadas harán girar de nuevo el viejo anuario para, con el
r escoldo de los últimos arrestos, salvar a las almas
e namoradas que, en un Noviembre nuevo, seducirán los Tenorios.

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©MAR

NOVIEMBRE II


Noviembre huele a musgo y a boletus cortados
a hogar, a leña vieja, a oasis en la niebla,
a versos de Machado, de Lorca o de Vallejo,
huele a espíritus metódicos, a amaneceres rústicos,
a dulce de membrillo, a castañas asadas,
a noches entramadas de satén y champán,
a canciones antiguas junto a tu despertar.
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©MAR

NOVIEMBRE I


Noviembre huele a muerte improcedente,
a ave de paso inmolada en la maraña del robledal,
es un erudito acuchillado
por el bermejo insostenible de la floresta excesiva,
o tal vez un ilustre mensajero,
asesinado por los pámpanos hueros de la carrasca,
que me robo tu sombra y me dejó virgen.
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©MAR

DERROCHAS...


DERROCHAS BELLEZA
dijiste
risas
besos
siempre amor

© Ana I. Hernández Guimerá